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David Sánchez
 
 

Prueba: BMW 530i

Febrero 2004

 

 

 

 

 

Tradicionalmente, BMW siempre ha pretendido potenciar en cada uno de sus modelos el placer de conducción, la agilidad y la suavidad de funcionamiento de sus motores frente a otros modelos de la competencia en su segmento (léase Mercedes-Benz). Parecía que la marca bávara había dejado de lado este pliego de condiciones a la hora de desarrollar creaciones como su controvertida Serie 7 pero, afortunadamente para los amantes de las berlinas con cierto tacto deportivo, los de Munich vuelven a demostrar que es posible disfrutar de la conducción con un automóvil de más de 4,80 m. de longitud, como sucede con este 530i. Regresa, por lo tanto, la dualidad BMW-Mercedes: dinamismo frente a confort, sin querer decir esto que se descuide la parcela que cultiva el oponente.

Cuando BMW decidió dar el relevo a su Serie 7, allá por el año 2001, también parecía que ponía fin a la filosofía de entender el automóvil como algo más que una herramienta para desplazarse del punto A al punto B. La gran berlina alemana es un ejemplo de automóvil confortable y seguro, pero, desde luego, no lo es si utilizamos como patrón el slogan utilizado por BMW en su campaña publicitaria: "¿Te gusta conducir?". Asimismo, el equipo de diseño comandado por Chris Bangle proponía una cierta ruptura estilística con el pasado de la marca. Lo anterior, sumado al manejo excesivamente complicado de algunos elementos de equipamiento le valió al Serie 7 una serie de críticas que quizá oscurecían su multitud de innovaciones y méritos técnicos.

Sin embargo, parece ser que BMW es permeable a las críticas - o bien estaba así previsto en los planes de la compañía - y ha intentado plasmar en su Serie 5 las directrices que han consagrado a la marca alemana: mayor agilidad y dinamismo, en definitiva, mayor placer de conducción que sus rivales. Y, ciertamente, es remarcable el grado de deportividad que puede otorgar una berlina del tamaño y peso del 530i, llegando a parecer que estamos al volante de un vehículo de 4 metros y bastantes cientos de kilos más ligero. Estas prácticamente idílicas condiciones dinámicas se fundamentan en gran parte en dos elementos que son opcionales: el Dynamic Drive y la Dirección Activa. Desconocemos el grado de satisfacción que puede ofrecer el coche sin ellos.

A pesar de este aparente retorno a los orígenes, aún existen ciertos elementos que denotan un cambio en BMW, que ha aburguesado en cierta manera sus vehículos. Ahora, por ejemplo, el 530i alcanza su velocidad máxima en quinta velocidad, siendo su desarrollo en sexta desmesuradamente largo. Otro punto que denota este cambio es el puesto de conducción: posición más elevada que de costumbre y el abandono del diseño del salpicadero orientado hacia el conductor. Salpicadero que, por otra parte, hace gala, como el resto del coche, de lagunas en su acabado. Estos fallos, impropios de una marca como BMW, junto a carencias de equipamiento incomprensibles en un vehículo de su precio, hace que debamos dirigir nuestras miradas hacia otro modelo (¿Quién dijo Clase E?) si buscamos la excelencia en estos apartados.

1-Diseño exterior

2-Interior y puesto de mando: ahondando en el concepto del Serie 7

3-Dinámicamente: comportamiento sobresaliente en opción

4-Motor: toda una leyenda

5-Frenos y cambio: una de cal y una de arena

6-En ciudad: sorprendente

7-Conclusiones

8-Cuadros

9-El i-drive

10-El Dynamic Drive

11-Active Steering

12-Luz adaptativa en curvas ALC (AFS)

13-Cuadro técnico

14-Mediciones

15-Ficha económica

 

 

 



 
 
 
 
 

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